- Cuando vives una vida ocupada, cada minuto cuenta. Te sientes como si debieras estar tarjando algo en tu lista, mirando alguna pantalla o corriendo hasta el próximo destino. Y no importa cuántas formas encuentres para dividir tu tiempo y tu atención, no importa cuántas tareas trates de hacer al mismo tiempo, nunca habrá suficiente tiempo en el dÃa para hacer todos los pendientes.
- Asà transcurrió mi vida durante 2 años frenéticos. Mis pensamientos y acciones estaban controladas por notificaciones electrónicas, alarmas y agendas cuidadosamente planificadas. Y aunque cada fibra de mà ponÃa todo de su parte para llegar a tiempo a cada actividad de mi planificación diaria, no lo lograba.
- Verán, hace 6 años fui bendecida con una niña relajada y descuidada. De las que siempre se detienen a oler las rosas.
- Cuando necesitaba estar en la puerta… ella se tomaba su tiempo eligiendo una cartera y una corona con brillos.
- Cuando debÃa estar en algún lugar dentro de 5 minutos… ella insistÃa en ponerle el cinturón de seguridad a su animal de peluche.
- Cuando apenas tenÃa tiempo para un almuerzo rápido… ella se detenÃa a hablarle a la anciana que se parecÃa a su abuela.
- Cuando tenÃa sólo 30 minutos para llegar… ella querÃa detenerse y acariciar a cada perro que veÃa.
- Cuando tenÃa una agenda llena que comenzaba a las 6 am… ella pedÃa que le revolviera un poco más los huevos para el desayuno.
- Mi niña despreocupada era un regalo para mi naturaleza tipo A, orientada a las tareas… pero yo no me percataba. Nada de eso. Cuando vives una vida ocupada, tienes visión de túnel: sólo ves lo que sigue en tu agenda. Y cualquier cosa que no esté anotada en ella es una pérdida de tiempo.
- Cada vez que mi hija me obligaba a desviarme de mi planificación, pensaba “no tenemos tiempo para estoâ€. Por eso, la palabra que con más frecuencia le decÃa era “Apúrateâ€.
- Siempre comenzaba mis frases con:
- ¡Apúrate, estamos atrasados!
- Y las terminaba con:
- ¡Nos lo vamos a perder si no te apuras!
- Comenzaba mi dÃa con:
- ¡Apúrate y come tu desayuno!
- ¡Apúrate y vÃstete!
- Y las terminaba con:
- ¡Apúrate y lávate los dientes!
- ¡Apúrate y métete en la cama!
- Y aunque la palabra “apresúrate†lograba muy poco en aumentar la velocidad de mi hija, la decÃa de todas formas. Quizá incluso más que las palabras “Te amoâ€.
- La verdad duele, pero la verdad también cura… y me llevó más cerca de ser la madre que quiero ser.
- Pero cierto dÃa, las cosas cambiaron. Acabábamos de recoger a mi hija mayor del kinder y nos estábamos bajando del auto. Insatisfecha con su velocidad, mi hija mayor le dijo a su pequeña hermana: “Eres tan lentaâ€. Fue cuando se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro exasperado, que me vi reflejada a mà misma… y fue una imagen que me revolvió las entrañas.
- Me habÃa convertido en una matona que empujaba y presionaba a una pequeña niña que sólo querÃa disfrutar la vida.
- Mis ojos se abrieron. Pude ver con claridad el daño que mi existencia apresurada habÃa hecho en mis dos hijas.
- Aunque me temblaba la voz, miré a los ojos a mi hija menor y le dije “Lamento tanto hacer que te apures. Adoro que te tomes tu tiempo y ojalá pudiera ser más como túâ€.
- Mis dos hijas se miraron igual de sorprendidas ante mi dolorosa confesión, pero en el rostro de mi hija menor vi el inconfundible brillo del entendimiento y la aceptación.
- “Te prometo ser más paciente de ahora en adelanteâ€, le dije a mi hija de cabellos rizados mientras la abrazaba.
- Eliminar la palabra “apúrate†de mi vocabulario fue algo bastante sencillo. Lo que no era tan simple fue adquirir la paciencia para esperar por los placeres de mi hija. Para ayudarnos a ambas, comencé dándole un poco más de tiempo para prepararse si debÃamos ir a alguna parte. Incluso asÃ, muchas veces llegamos tarde. Era entonces cuando me repetÃa a mà misma que esas serÃan las ocasiones en que llegarÃa tarde, sólo por algunos pocos años, mientras ella fuera pequeña.
- Cuando mi hija y yo salÃamos de paseo o a la tienda, le permitÃa a ella marcar el paso. Y cuando se detenÃa para admirar algo, sacaba de mi cabeza los pendientes de mi agenda y simplemente me dedicaba a observarla. Contemplé expresiones en su rostro que no habÃa visto nunca antes. Estudié las lÃneas de sus manos y la forma en que sus ojos se fruncÃan al sonreÃr. Observé cómo otras personas respondÃan cuando ella se detenÃa y se tomaba su tiempo en hablar con ellas. Miré cómo se detenÃa para admirar los insectos interesantes y las flores hermosas. Ella era una observadora, y rápidamente aprendà que los observadores del mundo son regalos escasos y bellos. Fue recién entonces cuando comprendà que ella era un regalo para mi alma frenética.
- Hice mi promesa de bajar el paso hace ya casi 3 años, al mismo tiempo en que comencé mi viaje hacia dejar ir las ocupaciones de la vida y preocuparme de lo que realmente importa. Vivir a un paso más lento aún me requiere cierto esfuerzo. Mi hija menor es mi recordatorio permanente de que debo mantenerme asÃ. De hecho, hace poco volvió a recordármelo.
- Ambas habÃamos hecho un viaje en bicicleta hasta una tienda de abarrotes mientras estábamos de vacaciones. Luego de comprar un gran helado para mi hija, se sentó en una mesa de picnic admirando la torre helada que sostenÃa en su mano.
- Repentinamente, su rostro lanzó una mirada de preocupación. “¿Tengo que apurarme, Mamá?â€.
- Casi me puse a llorar. Quizá las cicatrices de una vida apurada nunca desaparecen completamente, pensé con tristeza.
- Mientras mi hija me miraba esperando para saber si podÃa tomarse su tiempo, supe que tenÃa una opción. PodÃa sentarme ahà a lamentarme por todas las veces que apresuré a mi hija durante su vida… o podÃa celebrar el hecho de que estoy tratando de hacer las cosas de forma diferente.
- Elegà vivir el presente.
- “No tienes por qué apresurarte. Tómate tu tiempoâ€, le dije suavemente. Su cara de inmediato se iluminó y sus hombros se relajaron.
- Y asà fue como nos sentamos lado a lado, para hablar de las cosas que las niñas de 6 años que les gusta tocar el ukelele conversan. Incluso hubo momentos en que estuvimos sentadas en silencio, sólo sonriendo la una a la otra, mientras admirábamos la vista y los sonidos a nuestro alrededor.
- Pensé que mi niña iba a comerse toda esa tremenda golosina, pero cuando le quedaba sólo la última cucharada, guardó una cucharada de helado y relleno para mÃ. “Te guardé el último trozo, Mamáâ€, anunció ella orgullosamente.
- Y a medida que el sabor dulzón saciaba mi sed, me di cuenta de que acaba de hacer uno de los grandes aciertos de mi vida.
- Le di a mi hija un poco de tiempo… y a cambio, ella me dio su última cucharada y el recordatorio de que las cosas saben más dulces y el amor fluye mejor cuando dejar de estar corriendo por la vida.
- Ya sea…
- Para comer helado.
- Para recoger flores.
- Para ponerse el cinturón.
- Para preparar huevos.
- Para buscar conchas en la playa.
- Para observar insectos.
- Para pasear por la vereda.
- Ya no diré “no tengo tiempo para estoâ€, porque es básicamente decir “no tengo tiempo para la vidaâ€.
- Hacer una pausa para disfrutar las cosas simples que nos ofrece la vida diaria es la única forma de vivir realmente.
- (Y créanme, lo aprendà de la experta mundial en disfrutar la vida).
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Posted by NotLim on Sat 7th Sep 2013 02:38
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